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                ESPIRITUALIDAD DE FRONTERA 

Somos una comunidad de corazones inquietos, que desde ya hace 20 años se afana en propiciar búsquedas sinceras que honren las ansias y anhelos de cada cada uno en su diversidad a través de la música y la belleza como rostros de lo divino que habita en nosotros. 

 

La Otra Orilla es comunidad itinerante y abierta, nacida del seno de una parroquia cristiana, con una fuerte influencia de las tradiciones espirituales de la India y Oriente, influencia que ha marcado nuestro camino llevándonos a vivir, desde el comienzo una espiritualidad de frontera, de co-existencia, de diálogo valiente y sincero, sin muros, a sabiendas de que el diálogo interreligioso e intra-cultural puede abrirnos caminos para profundizar nuestra propias búsquedas.

 

Desde el comienzo de esta experiencia nuestro arte ha buscado trascender nuestras raíces para atravesar las fronteras de nuestra propia fe, y por ello siempre buscamos colaborar con comunidades, artistas y movimientos y filosofías de todos los credos y religiones, sin excepciones, y sin miedos, con la esperanza de caminar y crear juntos. 

 

Nuestra espiritualidad de frontera nos ha llevado a aceptar lo distinto, a querer entenderlo, a abrazarlo y a hacerlo nuestro para iluminar nuestras propias creencias, y para conducirnos a un desapego en el que menos es más - como una doctrina de la no-necesidad, de regreso a lo primario, a apofatica y sedienta de lo esencial.

 

A través de nuestro arte buscamos ser trampolín para tantas almas que buscan catapultarse hacia su propia profundidad en busca de la luz que habita en todos, para a atravesar sus propias limitaciones, cualquiera sea su fe, su cultura o condición.

 

Creemos desde la diversidad de nuestras búsquedas, y desde nuestros desapegos hacia ciertas cuestiones que consideramos superfluas o añadidas a la doctrina y la ortodoxia, que nuestro arte es un camino de realización, y un don, por el cual siempre damos gracias. Como en una ciudad de frontera donde conviven y coexisten rostros y corazones de distintas etnias pero con el mismo anhelo por desvelar el rostro de Dios y saberse amados por él, así queremos ser como comunidad.

 

Como canta el estribillo del primer corte de nuestro último album:

Somos una solo piel, somos un solo latir, en la inmensidad,

bajo un mismo sol que ama a todos por igual 

no importa el color, ni cual sea tu condición, 

siempre te iluminará el amor.

Saber reconocernos y construir lazos de coexistencia es un gran desafío, y también un signo de esperanza desde la pluralidad, una fuente para nutrir nuestras propias búsquedas, para seguir catapultando a tantos otros con nuestro arte.

Desde una espiritualidad de frontera sin limites, sin muros, y sin miedos es quizás posible cruzar de una orilla a la otra.